Hablando de nombres

Uno de mis perros se llama Homero y no hace más que comer, dormir, ladrar, gruñir y lloriquear. Es un vago, pero uno lo ve y es imposible no encariñarse con él. Ahora yo me pregunto, ¿hasta qué punto el nombre determina la naturaleza de quien lo lleva? Ay, qué lindo sería que nuestros hijos se llamen Luis y José Manuel.

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2 comentarios

  1. Te robarían el vuelto cuando los mandes a comprar pan

  2. Homero es también aquel que se dedica a masticar a tus visitantes?

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